Comer por los difuntos:
panes y dulces para las ánimas
Pan de muerto: entre más se come, mejor para las ánimas.
En numerosas localidades europeas se ha mantenido, al parecer desde el siglo IX al menos, la costumbre, para la víspera de Todos los santos, de pedir dulces o pasteles casa por casa, y de amenazar a los ocupantes que no respondan con generosidad.
(Material de uso restringido © Marjorie Ross, libro en preparación).
En Bélgica, Alemania, Austria y otros lugares, ha sido tradición comer “queques del ánima” o “pan del ánima”, en beneficio de las ánimas de los parientes y de aquellos que obsequien las golosinas. En Amberes los colorean con azafrán, para simbolizar el fuego del purgatorio.
En España se preparan “buñuelos de viento” (es interesante recordar que la palabra “ánima” significa viento, en griego), similares a las donas. También están los “panecillos de la muerte” de Mallorca, antecedente de los panecillos de mazapán, de los “panellets” (de almendras, azúcar y yema de huevo), de los “huesos de santo” (palitos de pasta de almendras) y del “pan de muerto” mexicano. Este se prepara con anís, azúcar, mantequilla, huevos, harina, levadura y cáscara de naranja, y se decora con tiras que simulan huesos.
Ver receta de panellets en:
http://www.acocinar.com/panellet.htm
La creencia popular es que por cada queque (o dulce o fruta o tamalito) que uno se come esa noche, sale un ánima del purgatorio.
En algunas comunidades de la Rioja sobresalen las calaveras y la cena a base de caracoles, alrededor de las cuales se reúnen familias y amigos.
Día de los muertos. Foto de Steve Bridger (Wikimedia Commons)
En Perú, en esos días dedicados a la memoria de los muertos, en las tierras altas se lleva comida a los cementerios. En las celebraciones opera, al igual que en México, un sincretismo entre el culto a los muertos pre-hispanico y elementos cristiano
En La Arena, en Piura, todos llegan a la plaza de armas. Los tíos o tías de niños fallecidos llevan panecillos y dulces de coco, de camote y otros, envueltos en bolsas muy decoradas, que llaman “ángeles”. Cuando ven algún niño o niña parecidos a su difunto, se los obsequian. En Arequipa y Junín, regalan panes muy elaborados, con forma de bebés, llamados “t’anta wawas”, panes en forma de sol, luna y de escaleras que sirven para que puedan bajar las almas, entre otros, al igual que en el norte de Argentina.
En Bolivia también se preparan “niños de pan”, así como masitas y panes con figuras antropológicas y zoomorfas. Para Frazer, es posible que el consumo de los alimentos y dulces sea un resabio de la antigua creencia de que los fallecidos entraban en los cuerpos de sus familiares y comían esos alimentos a través de ellos. También señala que en festivales en honor de los muertos en el norte de la India es tradicional dar comida a los brahmanes, cuyo alimento se cree pasa a los muertos y refresca sus espíritus.
En algunos lugares de Alemania, al igual que en Guatemala, se ponen bebidas y comidas en las tumbas, para deleite de sus ocupantes y de los vivos.
Em Italia, los dulces y otros regalos que se dan a los niños ese día, se les entregan a nombre de sus parientes fallecidos, una forma de hacerles saber que los que ya se fueron siguen pensando en ellos.
Como la celebración se da al inicio del invierno, hay que hacer acopio de energía y guardar para los meses venideros, por lo que la costumbre culinaria incluye muchos dulces, conservas y pastelillos.
Material de uso restringido © Marjorie Ross, libro en preparación.
(Los invito a leer la siguiente nota: IV. Literatura para morirse …¿de miedo?).











Querida Marjorie. Estupendo escrito e investigación sobre un tema del cual se conoce tan poco. Pienso en la infinidad de niños de nuestro continente que sólo tienen como referencia el Halloween, y cuan importante podría resultar éste tu trabajo a nivel pedagógico. Por otra parte, lograste ilustrarlo muy bien ! Felicitaciones !
Marjorie… Precioso a la vez que muy interesante tu reseña e investigación sobre el “jalogüín”.