Quiero compartir con ustedes uno de mis libros favoritos. Es una obra extraordinaria: un libro de cocina escrito por dos premios Nobel, mucho antes de que la cocina se convirtiera en moda. Además, no es un recetario, sino una celebración de la comida.
La mesa compartida en amistad llevó a Pablo Neruda y a Miguel Ángel Asturias a escribir una crónica poco convencional sobre su viaje a Hungría en 1965.
La sorprendente versión de 1969 de las editoriales Lumen de Barcelona y Corvina de Budapest, impresa en esa ciudad por la Imprenta Franklin, cumple ya cuarenta años.
Un tesoro inubicable

Obra de Emma Heinzelmann (1930), renombrada ilustradora húngara.
El ejemplar estaba en el estante de poesía de una librería de viejo en Londres. Me llamó la atención el color naranja de la sobrecubierta y cuando leí el título, “Comiendo en Hungría”, pensé que se habían equivocado al ubicarlo. Ese apresurado pensamiento se disipó en un segundo, al pasar la mirada buscando el nombre del escritor, que en este caso eran más bien dos, ¡y qué par de ellos! Mi sorpresa fue mayúscula: Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias, al alimón, a dos plumas, eran los autores de esa maravillosa obra culinaria, editada simultáneamente en cinco idiomas (entre ellos el húngaro, el español y el francés), y reeditada treinta años después en Guatemala por la Editorial Cultura.
Curiosamente, sus nombres solo figuran en la sobrecubierta. En la esquina superior derecha de la portada de tela blanca, lo que hay es un tenedor y una cuchara. El primero será la “firma” de Neruda en las páginas internas; la segunda identificará a Asturias.
Ha de haber dudado la persona encargada de la librería acerca del estante que debía corresponderle a la obra. Por sus autores, ¿sería poesía o sería prosa? Por su título, ¿se trataría de un libro de viajes? ¿Sería un libro de cocina? Lo cierto es que “Comiendo en Hungría” no es ninguna de esas cosas y es todas ellas. Desborda las definiciones canónicas, mientras atrapa al lector y lo seduce.
Oda a la amistad
Educado en la abundante y exquisita mesa chilena, (cuyo espectacular “caldillo de congrio” definió como la mezcla de las esencias de su patria y una forma de conocer el cielo), Neruda saboreó delicados manjares. En sus numerosos viajes conoció una gran diversidad culinaria. Así, en los mercados callejeros de la India probó los kebab; en Moscú, en el restaurante Aragvy, el chashlik de Georgia –como aquellos, también trozos de carne ensartados y asados en un pincho-, pero fue el chashlik de Hungría el que lo enamoró. Comensal de lujo en Francia, España, en la China lejana, en el Medio Oriente, en Checoeslovaquia y en muchos otros destinos, solo la hospitalidad de la mesa húngara lo motivó a embarcarse en ese libro especial, ideado y escrito con Asturias, su compañero de banquetes (“Vamos de camino y comemos donde la mesa es buena y hay amigos”, señala el guatemalteco).
El poeta lo expresa así, entre líneas: “Si hay libros felices –(o libracos, librejos, librillos) – éste es uno de ellos. No solo porque lo escribimos comiendo sino porque queremos honrar con palabras la amistad generosa y sabrosa”.
Neruda nos dice que Hungría los motivó a emprender esa tarea fraterna, a asumir una obra colectiva, porque “por el corredor de Europa pasaron guerras e invasores, pero también condimentos y fragancias. Todo quedó en la cocina húngara, mezclando en las ollas y en las calderas nómadas el jengibre y la paprika, el eneldo y el ajo, gloriosas constelaciones que pedían ríos de vino para consumirse…Por eso este libraco, librejo, librillo (distracción de poetas, sueño real de una noche de verano), fue premeditado y consumado entre las casas húngaras, entre sus baladas gitanas y los fogones de irresistible magnetismo. Las especias de toda la tierra entran en estas ollas generosas y los húngaros saben que convivir es concomer”.
De Emma Heinzelmann.
Su cena en el Hungaria
Gracias a Asturias sabemos lo que comieron en el restaurante Hungaria, en el cual habían cenado Josephine Baker, Arturo Toscanini, Ruggiero Ricci y J.R. Capablanca, entre muchas otras celebridades cuyos autógrafos figuraban en las tapas del menú.
- Hongos envueltos en una pasta hecha de harina, cerveza y huevo, fritos y servidos sobre un lecho de arroz.
- Pollo a la húngara, con el relleno debajo del pellejo de la presa y no dentro del ave.
- “Medallones de la Virgen”: filetes de carne asada, servidos sobre chiles variados, con cebolla dorada y una salsa de vino rojo.
- Postre: Frutas frescas. Ciruelas, duraznos y peras, sobre hielo picado.
- Todo bien bañado con vinos del país.
Invento nómada
Neruda y Asturias se aficionaron al gulash (“aroma nómade que sale de las estepas y da siete vueltas al mundo”, según Neruda). Asturias hace una apología de las sopas, solo para incluirlo y homenajearlo. Con humor, nos habla de su origen: “Internarse en el mundo de las sopas es seguir los pasos de aquel que, temeroso de morir de sed, buscaba el líquido y ya frente a éste, reflexionando que podría morir de hambre, corría hacia el sólido sustento…Para resolver el problema cortó por lo sano e hizo una mezcla líquido-sólida, para comer y beber al mismo tiempo, o beber y comer, el orden no altera la sopa, nacida de los dos grandes temores ancestrales del hombre. El hambre y la sed”.
El poeta, por su parte, les hace honor a las legumbres. Entre ellas destaca a la berenjena; a la calabaza convertida en queso y en pastel, “en sabor de oro”; a los pepinos; a los champiñones, “multiplicados por la lluvia en el bosque aromático”, y al repollo. Para él, el repollo a la Kolozsvár es “como diría Cerio, la obra maestra de Dios”.
La razón que da Asturias para haber escrito este libro, es toda una lección de buen vivir: “Cantar en verso el buen comer y celebrarlo en prosa, tal fue su propósito nacido al calor de de las copas de vino, como contribución a lo que debía llamarse lucha por mantener la vida viva. Y la vida empieza en la mesa…”.
En este día cualquiera, cuarenta años después, alcemos nuestra copa repitiendo estas palabras del poeta chileno, cantándole a los vinos húngaros:
“Bebo en honor del sol y de la nieve, de la tristeza y de la dicha. Bebo por el amor y por el dolor. Bebo por el fuego y por la lluvia. Bebo por la vida y por la vida”.
Notas
I. Hay que hacer notar que la obra está profusamente ilustrada por seis artistas húngaros.
He incluido aquí tres de las siete gráficas de Emma Heinzelmann, cuya obra admiro especialmente, en el interés de dar a conocer su trabajo extraordinario. Ella recibió el prestigioso Premio Ferenczy Noémi en el 2005.
II. Este texto forma parte de un ensayo extenso, de mi autoría, sobre Cocina y literatura. (© Marjorie Ross).


De Emma Heinzelmann.








Marjorie:
Un montón de gracias por invitarme a visitar tu página.
Es una página para no salir nunca de ella pues te reproduce en tus intereses, saberes y experiencias que son vastísimos. Además,tiene el sabor y la calidez tan propios de vos.
Imagináte todas las cosas que habríamos hechos con esta herramienta en los tiempos del Frente!!
Un abrazo sincero.
Mi más sincera felicitación por tu encantadora, entretenida y formativa página.
Un abrazo
Tu página está de premio publicitario y el contenido ni se diga,siempre buenísimo,e
interesante,sorprendiéndonos.
Lo de Neruda y Asturias,no hay
palabras. Entre poemas,cuentos
e ingredientes y creativas mezclas se han logrado las mejores obras; y las más ardientes conquistas al calor de las chimeneas, las velas y un cómplice vino y algo más….
Felicitaciones.,
Conocés el libro de cocina de Leonardo Da Vinci?
Es una joyita…simpatiquísima
Siempre asombrándonos amiga querida, descubriendo el fondo del caldero para mostrarnos la maravilla! Gracias!!!!
Delicioso el artículo. Jovencillo leí la Oda a la Cebolla de Neruda; un poco después tuve en mis manos un poema monumental sobre gastronomía de Pablo de Rokha (seudónimo de otro chileno, tan enorme como Pablo, creo) que hace poco no pude conseguir en Santiago, pero era magnífico.
Tus trabajos me sugieren tantas cosas. Gracias Marjorie.
Alfonso Mata
Amiga:
Te felicito tanto por el adelanto del ensayo -quedo en fervorosa espera de lo demás- como por el rediseño de la página. ¡Al unísono y al alimón!
Un abrazo
Querida Marjorie : Tu estupenda investigación y descubrimiento me hicieron recordar el fabuloso y denso Egrí Bikavér ! Salud ! para vos y para los poetas !
Interesantísimo…tenés razón, es un descubrimiento genial! Muy interesada en leer tu artículo cuando se publique. Gracias por seguir alimentado mis conocimientos y sobretodo en literatura…culinaria! Adelante con tus nuevos proyectos!