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Mujer fuerte, en frágil capullo

Falleció Luz María de la Cruz, filóloga y escritora.
Luz María nació en Santiago de Chile y Costa Rica fue su patria adoptiva. Licenciada en Filología Española, escribió poesía, ensayo, teatro y narrativa. Tres veces obtuvo el Premio Walt Whitman en relato, convocado por la Asociación de Exbecarios Fullbright y el Centro Cultural Costarricense Norteamericano.
Entre sus obras figuran: Relatos de fin de siglo (1984) (1989); Profesión de fe; Desnudos (2000); y Nocturno (2002).
Su despedida
El viernes 27 de junio, en la mañana, en una conmovedora ceremonia la acompañamos al Cementerio de La Piedad, en Moravia. Fue un acto sencillo, lleno de cariño por ella y admiración por su obra literaria, que ha sido editada por la Editorial de la UNED. Se habló de su temple, de su manera de ser -cómo cada quien la percibió y presintió-, y de sus cocteles “de cola de mono”, su pastel de choclo y sus sopaipillas. Con Valeria Varas (chileno-tica como ella y una de sus amigas más cercanas), leímos a dos voces (entrecortadas) un poema inédito de Luz María, que recién encontró su hijo revisando papeles.
Esta tarde me tocó leerlo de nuevo, en el Duelo del deseo, tradicional recital de poesía erótica que organiza la Asociación Costarricense de Escritoras (ACE) en las ferias del libro. Ella era una de las asistentes anuales a esa actividad, en la que hoy estuvo representada por su esposo, su hijo y sus amistades. Se los copio aquí. Nada mejor que su pluma para presentársela a ustedes.
Dónde (Para Chile conmisojos). “En un momento creí que Chile palpitaba en la estrella de su bandera; en el Temuco torrencial, en el pescador de almejas; en el golpe de la azada de sus campos; en mi infancia de telarañas y de luna, junto al brasero de mi abuela y los cuentos de su boca prodigiosa. Pensé que en la desnudez del impúdico Norte estaba mi país. O acaso la voz de los prisioneros lo convocaba. Tal vez lo pudiese encontrar en la sorprendida gaviota salpicada de mar: Valparaíso. O fuera un volantín triste en los cielos de un septiembre sangriento que aún no olvido. Pero no: en el azar oscuro -profundo- de mi sangre el Chile oculto de mis soles vive para siempre”. Luz María de la Cruz.
Dejó el capullo
Su hijo, el arquitecto Rolando Cedeño, contó que ella decidió cuándo había llegado el momento de partir. Esa mujer que soportó tantas adversidades -desde niña, estuvo cubierto su fuerte temple por un envoltorio sumamente frágil; su cuerpo era un delicado capullo que le dificultó crecientemente su movilidad-, se alejó detrás de una mariposa imaginaria que su hija le posó sobre la nariz. Pocos minutos después, en medio de una plazuela sin árboles ni plantas, una mariposa se le paró a Rolando en el hombro. Casi al mismo tiempo, en su oficina en el INAMU, sin ventana, Valeria Varas se sorprendió ante una mariposa que, sin que nadie supiera de dónde salió, se detuvo sobre su computadora. Sin conocer aún que ya Luz María había muerto, ella lo interpretó como la despedida de su amiga y colega.
Sincronismos que nos hablan de la muerte y sus secretos; del amor maternal y del filial. De las amistades que se cimentan sobre terribles experiencias colectivas, el exilio, el desarraigo y la pasión por la palabra. Otra amiga muy cercana, la colega narradora Myriam Bustos, hizo una recomendación en el funeral, que vale la pena recoger: busquen sus obras, en las Librerías de la EUNED o en la Librería Universitaria.
Sí. Lean sus relatos y podrán conocerla, aunque Luz María de la Cruz se haya convertido ahora en mariposa.

Para recordarla en el convivio
Receta de “cola de mono”, ponche tradicional en Chile para las fiestas patrias y el Año Nuevo. Ingredientes. 1 lata de leche condensada;1 chorrito de vainilla; 1 astilla de canela; 4 clavos de olor; 3 cucharadas copetonas de café soluble; 1 taza de aguardiente (o guaro) de 50 grados. Preparación. Vacie la leche condensada en una olla; agregue dos y 1/2 latas de agua hervida y fría. Añada la vainilla y el clavo. Lleve a ebullición por unos dos minutos. Retire del fuego, cuele y agregue el café disuelto en un poquito de agua caliente. Mezcle bien y deje enfriar. Añada el aguardiente, mezcle de nuevo y sirva bien frío.
(Foto cortesía de http://www.recetasgourmet.com.ar/).
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