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Marcos Ana

Marcos Ana en la Biblioteca Nacional de Costa Rica en el 2008. (Foto cortesía de la Lic. Helga M. Ocampo B.)

Marcos Ana, en foto de Luis Magán para El País.

Marcos Ana, en foto de Luis Magán para El País.

Marcos Ana en la Biblioteca Nacional

El jueves 26 de junio del 2008 fui a conocer a Marcos Ana [n. Ventosa del Río Almar, Salamanca], el célebre poeta español, a la Biblioteca Nacional, en el marco de la Feria del Libro FIL2008. Mi suegro, Jaime Cerdas Mora, fundador del Partido Comunista de Costa Rica, me contaba de las luchas que dieron aquí por su liberación. Recogían firmas, hacían mitines políticos donde leían sus obras (fue gracias a don Jaime que primero conocí la poesía de Marcos Ana, que aquí reproducían en hojas sueltas y en la prensa), y movilizaban a lo que entonces se llamaba “los sectores progresistas” de la opinión pública. Al escucharle renunciar a una celebridad que declara ajena y que con generosidad traslada a sus compañeros de entonces, muertos, torturados o presos anónimos, que considera que no tuvieron tanta suerte como él, recuerdo las anécdotas que contaban don Jaime y Adolfo Braña (militante comunista español, que escapó de un campo de concentración nazi y regresó a Costa Rica después de la guerra) a propósito de la solidaridad conmovedora de los comunistas militantes de base con los republicanos españoles. Fue una lucha democrática, con sacrificios y renunciaciones.

Marcos Ana.

Prisión y tortura

Marcos Ana (seudónimo de Fernando Macarro), vivió con apenas 16 años la guerra civil en su patria y pasó luego veintitrés años de su vida “haciendo turismo carcelario”, como él lo llama con ironía, siendo trasladado de una a otra cárcel franquista durante más de dos décadas. Su vida es tan extraordinaria, que Pedro Almodóvar ha comprado los derechos de su biografía para hacer un filme. Sobrevivió a horribles torturas y a dos condenas a muerte. Su vida la narra en el libro “Decidme cómo es un árbol” (memoria de la prisión y la vida). Sus poemas eran sacados de la cárcel clandestinamente, para ser reproducidos por los militantes antifranquistas en todo el mundo.

Solidaridad. Al oirle enfatizar su empeño en no cesar de dar testimonio, para que los nietos de sus camaradas sepan por qué luchaban sus abuelos y cómo murieron, muchos de ellos asesinados o fusilados, es evidente que el poeta sigue fiel a aquella estrofa de una canción popular rusa que dice:Camarada dice el hombre al hombre, camarada en cielo, tierra y mar. No hay palabra como camarada, ni canto más fraternal”.

Los “instrumentos“. Marcos Ana señala que aunque haya habido antes errores en los instrumentos utilizados para lograr un mundo igualitario, solidario y vivible, él – a sus ochenta y ocho años- aún tiene confianza en que los jóvenes lo lograrán. Espera aún, con convencimiento, que se logre aquella utopía de su juventud.

Esa mañana el poeta dijo, palabras más palabras menos, lo que expresó en la presentación del libro en la Universidad de Valencia a principios del 2008: -“Mucha gente sufre la desilusión de las propias ideas, pero yo no. La bondad de las ideas está por encima del hombre y sus errores y también de los estados llamados socialistas que malversaron ese caudal. Pero sigue ahí: luchar por una sociedad sin desigualdades, sin guerras y donde el sol caliente para todos. Ese ideal permanecerá y hay que luchar por él. Para que cambie esta sociedad injusta y caótica. Con el libro intento fortalecer esta esperanza en el futuro y que este naufragio no se nos lleve. Y no, no tengo ansias de venganza de quienes me hicieron sufrir. Haber sufrido tanta violencia me hace sensible y que no la desee contra nadie”. Al preguntarle si sigue considerándose comunista, expresó entonces: -“Sí, porque la bondad de las ideas no tiene que ver con nada con los fracasos, naufragios y deserciones que hayan podido ocurrir. Si me ofrecen algo mejor lo consideraré, pero no veo”.

Inevitablemente, al oirlo viajé hasta los sucesos que narro en mi libro “El secreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich”. Precisamente una de esas “vidas” transcurre durante la Guerra Civil española, en la cual Iósif operaba bajos las órdenes del jefe del espionaje soviético en España, Alexander Orlov.

En mi libro se revela la extrema crueldad de algunos de esos “instrumentos” y lo que cuento, como lo ven mis ojos, probablemente no lo verá él con el mismo cristal, después de veintitrés años de cárcel franquista. Como digo en el prólogo, emprendí la búsqueda que concluyó con “El secreto encanto de la KGB”, desde la atalaya del siglo XXI; sin las limitaciones ideológicas del siglo pasado y después del final de la guerra fría; con un enfoque liberado de viejos “ismos” (trotskismo, estalinismo, titoísmo, anticomunismo, etc.); lejos de una visión moralista, que deje de lado los condicionamientos –de carácter ideológico, político, social y cultural –de la realidad en que los hechos ocurrieron.

Aunque consciente de que nunca veremos los acontecimientos de aquella vieja España desde la misma óptica, le entregué un ejemplar, dedicado con un fragmento del poema mío: Duelo por la rosa. A veces recuerdo/la primavera en Praga/-flores contra tanques-/o a Tien An Men/-la juventud valiente/también contra los tanques-/los desfiles soviéticos/del primero de mayo,/cientos cientos/de tanques./¡Cómo es que no veíamos/los tanques,/si eran tantos!/Será que la fuerza/de la rosa/puede ocultar/a todos los ejércitos./El olvido del sueño/se llevaría la rosa./Por eso todavía/me abrazo/a la memoria.

Palabra poética

En un poema, declara Marcos Ana: Mi pecado es terrible;/quise llenar de estrellas/el corazón del hombre./Por eso aquí entre rejas,/en diecinueve inviernos/perdí mis primaveras./Preso desde mi infancia/ya muerte mi condena,/mis ojos van secando/su luz contra las piedras. Mas no hay sombra de arcángel/vengador en mis venas:/España es sólo el grito/de mi dolor que sueña”.

En aquel día del 2008 leyó varios otros, entre ellos:Mi vida,/os la puedo contar en dos palabras:/Un patio./Y un trocito de cielo/por donde a veces pasan/una nube perdida/y algún pájaro huyendo de sus alas”.

Y el que da título a sus memorias, que es mi preferido. La vida. Decidme como es un árbol,/contadme el canto de un río/cuando se cubre de pájaros,/habladme del mar,/habladme del olor ancho del campo/de las estrellas, del aire/recítame un horizonte sin cerradura/y sin llave como la choza de un pobre/decidme como es el beso de una mujer/dadme el nombre del amor/no lo recuerdo. Aún las noches se perfuman de enamorados/que tiemblan de pasión bajo la luna/o solo queda esta fosa?/la luz de una cerradura/y la canción de mi rosa/22 años, ya olvidé/la dimensión de las cosas/su olor, su aroma/escribo a tientas el mar,/el campo, el bosque, digo bosque/y he perdido la geometría del árbol. Hablo por hablar asuntos/que los años me olvidaron,/no puedo seguir/escucho los pasos del funcionario.

Su conversación terminó con el siguiente: Mi casa y mi corazón./Si salgo un día a la vida/mi casa no tendrá llaves:/siempre abierta, como el mar,/el sol y el aire. Que entren la noche y el día,/y la lluvia azul, la tarde,/el rojo pan de la aurora;/La luna, mi dulce amante./Que la amistad no detenga/sus pasos en mis umbrales,/ni la golondrina el vuelo,/ni el amor sus labios. Nadie./ Mi casa y mi corazón/nunca cerrados: que pasen/los pájaros, los amigos,/el sol y el aire.

Quisiera cerrar esta nota con un fragmento del poema “Que despierte el leñador”, del amigo de Marcos Ana, Pablo Neruda, amigo también, muy cercano de Iósif Griguliévich: Pensemos en toda la tierra,/golpeando con amor en la mesa./no quiero que vuelva/la sangre/a empapar el pan, los frijoles,/la música: quiero que venga/conmigo el minero,/el abogado, el marinero,/el fabricante de muñecas,/que entremos al cine y salgamos/a beber el vino más rojo.

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