A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

Rodrigo Quirós: Su voz poética desde el ayer

Rodrigo Quirós [1944-1997].

Rodrigo Quirós Sanabria [1944-1997].

Revisando el archivo de correspondencia, he reencontrado en un sobre anónimo, sin remitente ni destinatario, dos hojas de papel de cuaderno, en las que mi querido amigo el poeta costarricense Rodrigo Quirós [1944-1997] escribió dos poemas, como regalo a mi familia y a mí.

El primero de ellos, sin fecha, señala en nota al margen que ‘forma parte de su libro en proceso La semilla inmortal” [este libro no figura entre sus obras publicadas, de manera que o se quedó inédito o lo incluyó un poemario que lleva otro nombre]. Dice así:

 Del Poeta y el Mar

¡Mi vocación de mar, siendo más bien la roca

donde él rompe el misterio en mil cristales.

¡Oh yo, el escollo vivo que quiso ser el mar,

que lo fue algunas veces!

La sed sobre la lengua llamándome a ser ola,

el que extraviara la marina llave

entre mil tornasoles de batallas o de beso.

Roca entre un millón: una sola quizá,

para oponer sentido a sal y agua

y poner un diamante por bandera a su azul

diciendo:

“Aquí estuvo este cantor extraño,

este brujo del mar,

navío ensangrentado en proa y popa,

este afán infantil de ser adulto mar

a golpes de arcoiris”.

Yo que quise ser mar. Y que lo creí ser

algunas veces,

soy un muelle oxidado,

admirador inmóvil, melancólico

de gaviotas y barcos.

¡Yo que fui mar en toda la extensión de mi tristeza!

(San José, circa 1990).

"El Poeta y el Mar", manuscrito.

“El Poeta y el Mar”, manuscrito.

El segundo trae un epígrafe que nos honra y que dice:

Este poema es un homenaje a Rodolfo y Marjorie de Cerdas,

cuyo amor me confirmó la fe en la esencial belleza de la vida”.

 Pascua de cualquier día

Besa el rocío del alba

la profusión de rosas que me pueblan,

Y un sol bueno me mira,

me abraza,

me redime y desata

como una decisión de mariposas de oro…

Es fácil esperar cuando la diestra Omnipotente

me dice que soy hombre de pie

y enamorado aún del horizonte.

Aquí, mi amor levanta la victoria

sobre las quejas de la piedra y el fango.

Todo me dice ahora que mis pies

no son un sacrificio de quejumbrosas alas

sino base del sol esculpido en mi frente.

¡Oh sí! ¡Oh niños! ¡Oh ancianos!,

hormiguitas pacíficas, callejeros perritos,

mendigos de pupilas anegadas

en la ingrávida plata de las lágrimas:

aquí estoy para amaros, lloraros, sonreíros.

No tengo más deber que ser desnudo al viento,

diciendo que después de tanta muerte

estoy vivo para invitar a todos

a ser ecos que me anuncien cantando:

¡Estoy vivo, estoy vivo y estoy libre

en la patria del alma y el beso y el abrazo!

San José CR, 7/8/94.

"Pascua de c ualquier día, manuscrito.

Pascua de cualquier día, manuscrito.

A manera de obituario

El 8 de junio de 2003 publiqué el siguiente artículo en el Suplemento Áncora de La Nación de Costa Rica:

Muerte sitiada

En el sexto año del fallecimiento de Rodrigo Quirós

En junio de 1997 se apagó su vida, aún joven según los parámetros de hoy, ya que apenas se adentraba en la cincuentena. Seis años de muerto: uno por cada libro que publicó. Si lo traigo hoy a la memoria, es porque cuando falta un poeta en la calle, solo nos queda la palabra para revivirlo, para hacerle justicia más allá de la llama.

Amor y  misticismo

Miembro del Círculo de Poetas Costarricenses, su primer poemario, Después de nacer, apareció bajo el sello de la Editorial Costa Rica, en 1967. Tiempos de lecturas diarias en voz alta, cuando los alrededores de Ciencias y Letras, en la Universidad de Costa Rica, eran todavía un jardín, y árboles robustos le daban sombra a la poesía sin esperar a la tarde. Enamorado del español, pero amante del inglés, Rodrigo disfrutaba traduciendo a grandes escritores de habla inglesa (sus preferidos: T.S. Elliot, James Joyce, Dylan Thomas) siempre recurriendo a la crítica oportuna de su amigo Álvaro Quesada Soto, otro que se nos fue.

Si Jorge Debravo hacía de la vida una religión, Quirós se abrazaba desde entonces a un misticismo torturante, dentro de lo que llamaba “lo personal-universal”, que le acompañó durante los treinta años que ejerció su duro oficio de poeta.

Seis años después de aquel primer poemario vendría Abismo sitiado, al que seguirían En defensa del tiempo (1977), Del sueño a la jornada (1979), y A tientas en la Luz (1982), que le mereció el Premio UNA Palabra.

En Abismo sitiado, el amor se asoma detrás de cada verso (“desde que aparecimos/ cumplo años en cualquier flor y en cualquier tiempoÖ/ “Si alguna vez te vas/ déjame un poco de paloma/ entre las rejas de la sangre./ Di que es tuya la menor brisa de la tierra:/ yo la guardaré mía./ Le daré el mejor nombre/ que descubra en la tarde./ Si alguna vez te vas,/ y que no me importe ya que te haya amado,/ ¡que nada caiga desde el alto fruto/ de estrella donde falto!”). Pero ahí está Dios siempre presente: “No hay más que Dios: toco tu rostro y juro./ Vuelan igual los rostros que las rocas del bosque./ No te entierren los vuelos del celaje:/ haz volar a tus pies en lo fijo del barro./ Algo vuela en los dos. Ya la mirada/ es más que el horizonte. Ya se pasa, se pasaÖ/ No hay más que Dios: hoy todo está mirando/ demasiado”.

En En defensa del tiempo expresa su vocación literaria así: “Soy el primero, el último, el único/ que agoniza tendido en el descanso/ de las venas abiertas de la tierra, y el alma enajenada de silencio/ donde brota por fin, exacta, mi palabra./ Mi primera palabra./ ¡Palabra mía, magia de mi textura solitaria!./ Elemento de libertad perenne, fiel palabra, pájaro expositor de esta terrible selva de mi cuerpo”.

Quirós fue un poeta generoso, que desde que era un adolescente regalaba poemas a quienes consideraba sus amigos. ¡Qué mejor don, si en cada uno de ellos iba un retazo de su alma! Una de las figuras prominentes de nuestra generación de escritores de los sesentas, su mayor desvelo y la obsesión de sus últimos meses fue Altura de la sangre, que la editorial de la UNED publicó póstumamente en una bella edición, y por el que le otorgaron en ausencia el Premio Áncora de Literatura en 1998.

Su vida fue una lucha permanente “por dar verdad al fuego”. Si Vallejo, en uno de los poemas favoritos de Quirós, anunció su muerte en París y con aguacero, Rodrigo presintió la suya de otra manera: “Yo he de ir a mi muerte/ rompiendo mi camino por el fuego,/ con los ojos perdidos entre tanto rocío,/ mostrando la raíz más sangrante del hombre,/ en un tiempo de nubes que se pierden,/ abriendo toda flor sin explicarla,/ Llevando los planetas a una víspera de secretos y besos,/ amando a Dios en toda la extensión de mi llaga./ Y después del delirio de estaciones cayendo,/ por fin haré el trayecto de los besos viajeros,/ de sombras emitidas por cuerpos que han amado./ Esto me lo dijeron las semillas,/ el mar, el peso y mis abrazos rotos,/ la despaciosa arena triturada de dioses,/ el mirador abierto en mis gotas de sangre”.

Obras de Rodrigo Quirós

Después de nacer [1967]; Abismo sitiado [1973]; En defensa del tiempo [1977]; Del sueño a la jornada [1979]; A tientas en la luz [1982]; Altura de la sangre [1998], publicación póstuma que le mereció el Premio Áncora de Literatura. En su dictamen, el jurado dijo, entre otras cosas: “Se trata de un poeta muy serio, que no fue reconocido con justicia en vida“…

Leave a Reply