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Poesía de Guillermo Fernández siempre vigente

La poesía se descalza (artículo publicado cuando apareció el libro “Danzas”)

Guillermo Fernández (Foto que aparece e su perfil en Facebook).

Guillermo Fernández (Foto que aparece e su perfil en Facebook).

 

Guillermo Fernández nació en San José en 1962. Realizó estudios superiores en Filosofía en la Universidad de Costa Rica. En poesía, ha publicado: La mar entre las islas (Premio Joven Creación,1982), Atrios (1994), Estocada final (Premio Juegos Florales de Quezaltenango y Premio Nacional Aquileo J. Echeverría, 1997) y Para días posibles (1998). En cuento tiene: Efecto invernadero (2001) y Hagamos un ángel (inédito). [En años posteriores a la fecha de este artículo ha publicado: Babelia (2006), Nebulosa.com (2007), Ojos de muertos (2012) y Tu nombre será borrado del mundo (2013)].

Enemigo de la literatura liviana y del coloquialismo intrascendente, su poesía se esculpe sobre la palabra, a ratos con el golpe certero del cincel, otras con un soplete de fuego purificador, a veces en una finísima filigrana que se mira al través. Pero siempre privilegiando la fuerza creadora, la sensibilidad profunda, sin concesiones a una laboriosidad obligada que suele dar pobres frutos.

Fernández, el poeta precoz de ayer, llega a la madurez de los cuarenta años [en el 2002, fecha de esta nota] con una lista de títulos que no solamente es amplia, sino que ha recibido el reconocimiento de crítica, jurados y público.

Con esta nueva obra, las virtudes que ya se notaban a lo largo de su existencia poética, se afianzan y se subrayan.

danzasPoema en movimiento

Durante siglos, la danza y la poesía se han entrelazado, en un cortejo interminable que solía estar dominado por la primera, en una competencia eternizada entre lo gestual y lo verbal.

En palabras de la mexicana Maricruz Jiménez, la danza y la literatura “son casi dos amantes, que suelen ser infieles, pero siempre regresan a coexistir. El trabajo poético tiene un proceder semejante al de la danza, nutre y devela paisajes, emociones, visiones, metáforas”.

Así, si la danza se nutre de la poesía, y se crean magníficos espectáculos en los que los danzantes casan su movimiento con la palabra, en esta obra Fernández realiza el juego inverso, y en una alquimia -el escritor como mago y oficiante- convierte en danza la verbalización de su amor.

El mundo del autor que ejecuta la danza poética, se engloba en una ceremonia de amor, en la que se descalza y abraza el movimiento en un gesto definitorio. “Mis humillados pies me reunieron una tarde./ Los dos me miraron con sus uñas completamente primitivas./ Y en síntesis dijeron:/ Esta vez la danza es nuestra, !olvídanos!/…Yo no sé cómo aprendieron a danzar. Ni en que río o tornado se hicieron tan esbeltos,/ suaves y quisquillosos./ Una flor es suficiente que se esculpa en rocío. Una sola./ Una sola flor nos basta por la vida”.

El encuentro con el objeto del amor cambia la existencia misma del poeta, al volverlo danzante: “He olvidado casi todas mis ideas de apocalipsis/ Presiento al que hila desastres en su mente/ Y le huyo./ Todo me desgarra con prontitud festiva/ Una palmera es capaz de turbarme con su talle sinuoso/…Danzo sobre la perfecta telaraña”.

Aunque es un texto que no se deja poner camisa de fuerza de frontera alguna, revela su origen en la mitad del continente, con una cadena de imágenes delatoras: “Hoguera de pulpa de papaya que muerdo/ como gran degustador de celajes./ Yo te llenaré de simple manzana de agua/ que se hace espuma en los picos de pájaros migratorios./ Te embadurnaré con manglares y mástiles/ que se doblan en un horizonte soñado”. “Y tu cabellera se suspende/ como la falda de una bailarina/ invadiendo el entorno de un sudor de tamarindo y palmas”.

Bella edición

La poesía se merece las mejores ediciones, y sin embargo, lamentablemente, en nuestro medio las editoriales suelen privilegiar otros géneros, que son más comerciales. En este caso, en cambio, con una equilibrada pero llamativa portada; ilustrado con xilografías y figuras sobre superficies acrílicas, de Eduardo Brenes, y certificado con el cuidado, meticulosidad y amor por los libros del productor editorial Carlos Francisco Zamora, la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia nos ha regalado una obra en la que la forma responde a la calidad y originalidad del contenido. Un libro de poesía amorosa trascendente que es, al mismo tiempo, en su materialidad, objeto de arte.

Este artículo se publicó en el Suplemento Áncora de La Nación de Costa Rica el 23 de junio del 2002 y puede encontrarse en este enlace: http://wvw.nacion.com/ancora/2002/junio/23/ancora7.html

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