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De afrodisíacos

William Holman. Pastor veleidoso (The Hireling Shepherd, 1851)

Antigua obsesión

Lo que comemos, ¿podrá aumentar el deseo, y permitir el máximo disfrute de las inquietantes dulzuras del amor?

Desde hace milenios, nuestra especie ha estado buscando estimulantes que apuntalen la potencia sexual. A esos productos se les conoce como afrodisíacos, y muchos de ellos aparecen registrados en papiros médicos egipcios, escritos más de dos mil años antes de nuestra era.

En ese afán de potenciar el poder amatorio,  el lugar principal lo ocupan diversos alimentos, lo que no debe sorprendernos, ya que es gracias a ellos que podemos mantenernos con vida y Eros es el motor que impulsa la reproducción.

Amor por el paladar

El saber popular ha plasmado en dichos y refranes la efectividad del arte de la seducción culinaria. Así, cuando se habla de hambre de alimentos y de hambre referida al objeto de la pasión, se está aludiendo, subconscientemente, a la relación física y psicológica inseparable que existe entre ambas necesidades básicas.

El usar términos frutales para referirse a los órganos sexuales, es otra forma de manifestación de este mismo hecho. Freud pensaba que el apetito sexual y el hambre no eran sino dos partes de un mismo impulso, y que la satisfacción que se deriva de los placeres de la mesa es, básicamente, la misma que se encuentra en el amor físico.

El Kama Sutra nos ofrece una cocción de  testículos de cabro o carnero, hervidos en leche y azucarados, que nos asegura que producirá un vigor insospechado. Si les creemos a los griegos, la saludable zanahoria mejora la fuerza de algo más que la vista, ingerida en suficiente cantidad. Ahora se dice que esto ocurre así porque esa y otras verduras son químicamente similares a las feromonas, lo que confunde a nuestro organismo y lo lleva a producir hormonas sexuales. Gran intuición, entonces, la de los griegos.

Bodegón de espárragos, alachofas, limones y cerezas. Se atribuye a Blas de Ledesma, activo en Granada entre 1602 y 1614. Bowes Museum, Barnard Castle (Wikimedia Commons).

Algunos alimentos obtienen su fama porque se les asocia, mágicamente, con los órganos sexuales, por su similitud. Tal es el caso de los espárragos y de las ostras. Esta última es polémica, ya que algunos nos dicen que está constituída por un 85% de agua, y que el resto son carbohidratos, sales minerales, proteínas y grasas, por lo que no podría afectar la capacidad erótica. No obstante, sus defensores argumentan que gracias al zinc, la ostra ejerce un efecto regulador en las gónadas sexuales, que favorecen la producción de esperma y estimulan la síntesis de la testosterona; y que el yodo y el fósforo que poseen provocan un efecto estimulante.

Jan Davidszoon de Heem. Frutas y piezas del mar.

El chocolate es un afrodisíaco popular. Alimento de gran complejidad, contiene elementos sedantes, que relajan y posiblemente diluyan las inhibiciones; y es un estimulante, que puede aumentar el deseo de estar activo y en contacto físico con los otros. La feniletilamina que posee parece ser la que envía dopamina a los centros productores del placer en el cerebro, cuando lo ingerimos. Aunque la poseemos naturalmente en nuestro cuerpo, ella se encuentra en grandes concentraciones en el cacao, y recientes experimentos parecen probar que juega un rol crucial cuando nos enamoramos o experimentamos pasión, así como que sus niveles aumentan considerablemente durante el orgasmo.

Pasión cerebral

Ahora, lo que posiblemente muchos no quieren oir: una dieta bien balanceada, con legumbres frescas, frutas, y suficientes proteínas sin grasa, será probablemente más efectiva para gozar del amor, que el consumo aislado de aguacates, pepinos, higos, granadas y tomates, que se presume que tienen propiedades estimulantes.

Algunas hierbas poseen elementos que provocan un efecto parecido al de la testosterona, la hormona sexual masculina (producida también por el organismo femenino), considerada el principal carburante de la libido en ambos sexos. A este respecto, la Dra. Helen Singer Kaplan, del Hospital de Nueva York-Centro Médico Cornell, ha afirmado que algunos medicamentos aumentan el deseo, por su acción sobre el “centro sexual del cerebro” en el hipotálamo.

Por eso no hay que dejar de lado la estimulación que resulta del simple hecho de pensar que se está expuesto a algo que prende la mecha del deseo. Después de todo, los sexólogos vienen afirmando que casi todo está en la mente, que es la fuente primaria del deseo sexual.

1 comment to De afrodisíacos

  • Sandra

    Mmmmm una delicia de articulo…. se me hace agua la boca, tan solo pensar en preparar esas deliciosas comidas… mmmm platos bien elaborados, balanceados, presentados con ese toque…. exita el deseo de degustar, de comer, de morder, nos hace salivar, nos exita los sentidos, ademas, cuando se tiene picardia tambien la forma lenta, elegante y exitadora de comer….
    el buen comer es un arte como tambien el buen sexo…. buen provecho


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