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Gerardo Bolaños, poeta y periodista

invitacion De ReojoxLos invito a compartir  otra reseña de libros que hay que leer, esta vez de la obra de Gerardo Bolaños, De Reojo, acompañada de un video fuera de serie.

De Reojo. Un bazar de verdades innecesarias.

Marjorie Ross

Si bien la literatura, más que la noticia, tuvo papel protagónico en el nacimiento de los primeros medios de prensa, en el camino perdió ese predominio y quedó relegada a una pequeña área llamada “periodismo cultural”.

Preguntándose sobre qué debía informar el periodismo cultural, Gabriel Zaid citaba aquella frase de Ezra Pound: “La poesía es noticia que sigue siendo noticia. La noticia está en el poema”.  Nos dice Zaid que para eso se requiere un reportero que sepa entender lo que sucede en un poema, en un cuadro, en una sonata; de la misma manera que informar sobre un acto político requiere un periodista que entienda el juego político.

Pues amigas y amigos, en este libro tenemos la prueba de que hay quienes, como Gerardo Bolaños, pueden hacer ambas cosas con maestría, a veces incluso en forma simultánea, y no necesariamente dentro de la etiqueta de “periodismo cultural”.

Esta obra es la felicidad del lector rebelde, ya que permite hacer mútiples lecturas: de adelante para atrás, de atrás para adelante, de una en una, por temas, o como dicte el capricho. Pero de cualquiera manera que se lea, sale a la luz que en su trabajo de periodista, Gerardo utiliza los instrumentos con los que crea el poeta.

Veamos. Tenemos primero el elemento que se asoma detrás del título de la obra: la mirada.

Una mirada oblicua, tangencial, multiangular. Una mirada “de reojo”.

Bolaños comienza la obra con una cita reveladora de Lacan: “el ojo no es ojo porque lo miras, es ojo porque te ve”, que incluyó en la columna sobre la mirada de la joven afgana Sharbat Gula, cuya fotografía en la portada de National Geographic impactó al mundo.

El ojo humano es un misterio a medias. Los científicos nos dicen que en sí mismo, no tiene profundidad de campo, y que ha de posarse sobre la totalidad del paisaje, a la distancia, para que este sea reconocido por nuestro cerebro.

Al ver a la afghana mirándolo, Bolaños se reserva para sí la vista del paisaje y le entrega a su público su propia versión del panorama, cuando nos dice: “eran los ojos vidriosos, avizores, quemantes, de una huérfana y refugiada de escasos doce años…”.

Este escritor sigue mirando mientras escribe; no cierra los ojos antes, durante ni después del punto final y en ese texto, como en el libro todo, el ojo que mira es ojo de poeta.

Junto a esa mirada personal, aparece el segundo elemento del oficio poético que quiero subrayar. Bolaños subtitula su libro “verdades innecesarias”.

Hay en ello una visión suavemente desapegada, una displicencia propia de los poetas irredentos, picados por la melancolía.

Desnudándose poeta, el autor se coloca el sombrero de alquimista y, mediante el fuego creador, interviene las palabras, las disecta y las difumina; atomiza su forma a voluntad, las aligera hasta que el párrafo se convierte en esencia.

Un destilado que no suele sobrepasar los mil cuatrocientos caracteres. Una miniatura pintada, preciosista, en la que la paleta tiene la multiplicidad de la palabra.

Gerardo Bolaños

Así, cuando habla del poeta, como si hablase frente al espejo dice:

“El poeta no es súbdito de nadie,

salvo de la poesía.

Si la poesía

le ordena prender velas,

el poeta obedece

y prende velas

pacientes y tenaces

que arden en la noche de los tiempos.

El poeta

va por la vida

sin pedirle permisos a la vida”.

De esa libertad de corazón abierto, surge el tercer elemento al que quiero hacer referencia. Cada una de esas columnas, al ser reducida al carácter de esencia, desmaterializada, quizás por su aparente levedad se vuelve sorprendentemente atemporal. Por esa razón, incluso las que tocan temas de actualidad política aunque transcurra el tiempo siguen teniendo savia, y al leerlas hoy vemos que son vigentes todavía.

Justo lo que ocurre cuando leemos un poema de amor, escrito hace una eternidad, y le creemos al poeta de hace décadas que lo escribió para nuestros ojos.

O cuando Bolaños se refiere a la adolescencia y pensamos en la nuestra al leer lo que escribe:

“En la casa de la incertidumbre,

la adolescencia

es una inmensa sala de espera.

Un teorema no resuelto.

Un vaso medio lleno y medio vacío.

Adolescentes,

nos sentimos ligeros como el viento,

el viento nos mece”.

Como señala Eduardo Ulibarri en el prólogo, De Reojo se inscribe en el mismo ámbito que trabajara desde la portada de Le Monde Robert Escarpit, el género llamado microperiodismo.

Cuando apareció por primera vez en La Nación, el 13 de setiembre de 1998, con un estilo que juega entre la transparencia, la opacidad y el reflejo, definido por la respuesta personal del autor a la inminente llegada de un nuevo siglo, no salía aún en España la columna firmada por Erasmo, seudónimo del periodista José Luis Gutiérrez, que le pisó los talones.

Más tarde surgirían otras, y con el auge de los blogs se ha puesto de moda una cierta economía del lenguaje, pero sin el perfil multifacético y refinado de las miniaturas de Bolaños.

He escogido un fragmento que apuntala mi dicho de esta noche y, rompiendo el protocolo, le ruego al autor que lo lea para ustedes:

gerardob1

“Vuelvo a ver la bolsa del pan

y la portada del poemario:

se parecen tanto sus celulosas de estraza

y color café con leche.

Quizás es que, cuando están bien hechos,

poema y pan son la misma cosa.

Quizás los panaderos

deban colocar su pan

en los estantes de las librerías.

Quizás los poetas

deban surtir de poemas

los hornos de las panaderías”.

Se necesita un poeta para decirlo de esa manera. Sí, un periodista por los cuatro costados, como él se autodefine, pero que sea poeta.

Gerardo, amigo, gracias por comprobarnos que sí se puede hacer excelente literatura desde las páginas de un periódico de hoy, con tan alto grado de seducción, que potencie su atractivo cuando se convierta en libro.

Instituto México

23 de setiembre de 2008

Marjorie Ross, Heriberto Valverde, Gerardo Bolaños y Carlos Cortés.

Euardo Ulibarri, Marjorie Ross, Heriberto Valverde, Gerardo Bolaños y Carlos Cortés.

Eduardo Ulibarri, Marjorie Ross y Heriberto Valverde.

Termino con esta versión maravillosa (que llegó a mis manos gracias a Pablo Jenkins), de la canción que Gerardo Bolaños considera “la mejor del siglo XX”.

Brel Barbara par Béjart – Ne me quitte pas -

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Fragmento del espectáculo “Brel Barbara par Béjart” (filmado en abril del 2005). de Maurice Béjart, creado en el 2001. Una variación de la canción “Ne me quitte pas” de Jacques Brel, danzada por Elizabeth Ros.

Extrait du spectacle “Brel Barbara par Béjart” (filmé en Avril 2005) de Maurice Béjart, créé en 2001. Une variation sur la musique “ne me quitte pas” de Jacques Brel, dansée par Elisabeth Ros.

2 comments to Gerardo Bolaños, poeta y periodista

  • Apreciable Señor Bolaños: probablemente Usted no se recuerde de mi, pero yo si, soy uno de los tantos estuidiantes que fuimos capacitados por PCR y Rdio Netherlands en los años 90s, estuvimos en el IICA, soy hondureño y siempre recuerdo sus atenciones a nuestra llegada a su tierra cosa agradezco por siempre. Observé la portad de su publicacion DE REOJO, me llamó la atencion si puede indiqueme que hay que hacer para poderla encontrar completa.
    Le saluda respetuosamenteç;

    Francisco Antúnez Amaya, desde Juticalpa, Olancho, Honduras
    Tel 504 785-1067
    Cel 9982-1256

  • No solo por tan sábida introducción que hace Marjourie, sino por lo poco, pero muy escencial, de los versos que veo en este artículo, se me viene la impaciencia de leerlo, completo y total. Disfrutar así de la letra escrita por la interfase entre Dios y hombre, el espíritu.

    Veamos pués, que de antemano estoy seguro que disfrutaré este pan de sentir y reojo, que, empiezo a ver que tiene verdades muy necesarias.

    Gracias por el descubrimiento,

    AGS


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