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Manifiesto de las chicas malas

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Los invito a compartir la primera de una serie de reseñas que he escrito sobre libros que creo importante dar a conocer. Esta vez, el poemario “Chicas malas”, de Arabella Salaverry.

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Cómo están, amigas y amigos.
Deseo compartir con ustedes esta noche algunos de los conceptos que me ha sugerido el libro de Arabella Salaverry que hoy se presenta al público.
Algunos de ellos los formulo en el prólogo que para este poemario me honré al escribir.
Otros llegaron después, cuando los poemas echaron alas, como es conocido que suele acontecer cuando hay magas y duendes de por medio.

Comencemos por la portada, de por sí reveladora.
Al lado de unos zapatos de paso retador, el título es a la vez, sugerente y equívoco: “Chicas…malas”.
El adjetivo “malas” tiene una connotación principal que se modela por oposición a “buenas”, lo que parece implicar en las primeras un comportamiento que riñe con algún decálogo de la moral tradicional, muy vigente en la sexta década del siglo pasado.
No obstante, -como reseña la autora en el poema insignia que da nombre al libro-, aunque esas ‘”chicas malas” “asustaban a los vecinos y escandalizaban a las señoras de misal y rosario”  (que hay que decir que en el San José de la época eran la gran mayoría), lo que realmente hacían era asumir la juventud desde su autonomía, desde el poder de su propia voluntad, verbalizada y actuante.

arabella salaverry
Arabella Salaverry

Amigas y amigos, es que en los sesentas, las muchachas desechaban el brassiere y se soltaban el alma en la palabra, mientras se les dormía la sombra.
Salaverry pertenece a esa generación, nacida el día después del fin de la Segunda Guerra Mundial, por así decirlo.
Señala la autora que para sus integrantes, al llegar a la adolescencia, Viet Nam fue un acto obsceno, mientras que soñaban “con el Che/ ser compañeras”.
Aquellas jovencitas de minifalda y mallas, enamoradas del existencialismo, que se vestían de negro usando ese color como bandera, y se declaraban dueñas de sí mismas, repudiaban una moral patriarcal que las sometía y comenzaban a construir la ética de la equidad en la diferencia (“nos desvelamos con Sartre/ mas fue Simone la que hilvanó nuestra protesta”, declara Salaverry).

simone de beauvoir

Simone de Beauvoir

Asumirse como dueñas de sí, les permitió empoderarse frente al otro. “Compartimos cuerpo y alma sin pedir nada a cambio”, afirma sin retiscencias; añade “quiero que la ofrenda de mi cuerpo sea motivo de exaltación y gozo”, y desde allí le ordena al amado: “transcurre por mi piel como si no hubiese otra”. Para luego sentenciar: “ya oficiamos ceremonias y fuimos altar y pan y vino, no es entonces posible inquietarnos con menos”. Mas es la palabra la que, finalmente, define la entrega: “tu cuerpo frente al mío y en el mío/ frase completa”, “subvirtiendo gramáticas e inaugurando diccionarios”.Hace cuatro décadas, amigos y amigas, este manifiesto vital que nos presenta Salaverry era… inexcusablemente subversivo. En otras palabras, conducta impropia.

Así, la poeta hace desfilar los vocablos tras los cuales se estereotipa al género femenino: “putas, madres, amantes, hembras activadas por la luna, lloronas de lágrimas de cocodrila”, y lucha por encontrar frente al decir de los otros, su propia voz y su unívoca identidad de mujer poeta, para defender a la mujer, detrás de esas etiquetas peyorativas y violentadoras, (la cito): “a las inclaudicables, a las rebeldes, a las osadas que derriban muros”. Su palabra adquiere aún mayor lucidez y claridad para denunciar los ataques a “ese frágil país que es la inocencia”. La pulsión de este poemario es auténticamente salaverriana, una coctel raro de dolor imposible, rebeldía incurable, y una esperanza que no se sumerge.

Mucho ha cambiado el mundo desde los sesentas, pero aún las amarras contra las que se rebelaron las “Chicas Malas” siguen estando dolorosamente vigentes.
Estaba el libro apenas en imprenta, cuando nos enteramos de que a fines de año se realizó en Porto Alegre, Brasil, un encuentro multidisciplinario de especialistas internacionales.
En él se discutió sobre la salud física y psíquica de las mujeres contemporáneas y sobre la violencia de género.

El poema “Chicas Malas”, de Arabella Salaverry, se incluyó en los documentos, por considerarlo un manifiesto, cuatro décadas después de lo vivido, todavía con carácter aspiracional. Es que en el siglo XXI, la rebeldía y la ruptura de mitos y tabúes que inflamó a aquellas jovencitas arriesgadas y visionarias, aún es acallada con agresión y hasta con la muerte.

Por eso, no es casual que sea de allí de donde la poeta toma el fuego que quiere prestarle a otras mujeres.
En un gesto que llega hasta el martirio, declara: “muero para gastar sus muertes/ muero para que nunca mueran”.
Su arma no es otra que su voz, su propia voz, y sus poemas, estos poemas dolientes y orgullosos que tienen ustedes hoy en sus manos.
Muchas gracias.

Los dejo ahora con el poeta y escritor Alfonso Chase, a quien no quiero presentar como Premio Magón, que lo es, sino como un amigo entrañable desde aquella época …de las chicas malas.

Presentación de “Chicas malas”, de Arabella Salaverry.
Instituto México, jueves 12 de marzo de 2009,
con el escritor Alfonso Chase y las escritoras Emilia Macaya y Marjorie Ross.

Arabella Salaverry y Emilia Macaya.

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M.R. con Alfonso Chase y los zapatos rojo malcriado de la portada.
Foto de Evelyn Ugalde.

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Grupo de asistentes. Foto Evelyn Ugalde.

Disfruten una de las canciones emblemáticas de aquellas “chicas malas” de los setentas, que se conmovían profundamente con Edith Piaff, favorita de Salaverry:


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