¿Todavía hay quien crea que las mujeres -’calladitas tan bonitas’-, deben solo ser musas? ¿Y qué pasa cuando los hombres son…musificados?
Simón Vouet (1590-1649. Caliopea (la bella de la palabra, musa de la poesía heroica), c.1634. Fragmento de Las musas Urania y Caliopea. Colección de Samuel H. Kress.
De musas y musos
Yadira Calvo evidenció con maestría en su libro pionero, A la mujer por la palabra (del cual las editoriales nos deben nuevas ediciones), la exclusión y la mirada patriarcal a la que ha sido sometida la mujer escritora durante siglos.
Es que a nosotras nos fue impuesto, por demasiado tiempo, en el mejor de los casos servir para corporeizar la llamada “inspiración” masculina: ser sus musas.
Si de oficio se trataba, para eso teníamos los oficios domésticos, etiqueta desvalorizada tras la que se ha ocultado toda nuestra silente contribución al tejido social. Como advirtió el poeta francés Ecouchard-Lebrun (citado por Geneviève Fraisse, en La Musa de la Razón):
“Queréis pareceros a las musas.
Inspirad, pero no escribáis…
Las mujeres están hechas para el encanto”.

Simón Vouet (1590-1649). Erato (la amorosa; musa del amor y la poesía erótica, la lírica y las canciones conyugales).
Gabriel Legouvé, nos cuenta Fraisse, discute con Lebrun y en 1796 publica una oda titulada “A las bellas que quieren convertirse en poetas”. En ella se pregunta cómo podría seguírsele cantando a la belleza femenina, si esta, a su vez, quiere cantar; cómo podrían ser las mujeres a la vez objeto y sujeto de creación: “Soberanas en el arte de gustar,/ los dioses os hicieron para amar:/ el Amor vería con cólera /una noche perdida en versificar”.

Jan Lievens. Anna Maria van Schurman. 1649 (National Gallery, Londres).
Anna Maria van Schurman. Autorretrato. 1632.
“Décimas musas”
Con anterioridad, en el siglo XVII, había habido voluntad de reinscribirle al término “musa” un significado distinto, relacionado con el título de décima musa que Platón le adjudicó a la poeta griega Safo (c. 613 a.C – 570 a.C), a quien consideraba la contraparte humana de las nueve musas de la mitología clásica.
El vocablo se usó con respecto a varias mujeres escritoras de esa época, entre ellas María de Zayas y Sotomayor (Madrid, 1590-c.1661), Anne Bradstreet (Northampton, 1612-1672), Ana María van Schurman (Colonia, 1607- 1678) y Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel Nepantla, c.1651-1695),
Para Stephanie Merrim, es que cuando el patriarcado del momento quiso celebrar a una escritora mujer, el calificativo décima musa “le permitía una -aunque incómoda- aceptación en la esfera pública de la mujer ilustrada, lo mismo que su contención en un espacio delimitado”. En cuanto a las propias décimas musas, todas dejaron patente la ambigüedad del reconocimiento. Como señala esa autora, se sabían célebres, pero su mirada sobre sí mismas las presenta como solitarias entre las de su sexo; excepcionales y transgresoras. En sus palabras: “la ‘décima musa’ del siglo diecisiete carga el peso de ser un aditivo a las nueve musas consagradas”.
Miguel Cabrera. Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz. 1750.
Después de esos intentos concretos de cooptación, la musa inspiradora siguió siendo “una persona de sexo femenino…la mujer es necesariamente el Otro relativo y no el sujeto presente en sí mismo”, como subraya Fraisse.
Quizás por eso algunos hombres se incomodan tanto cuando se percatan de que aparecen en los poemas de aquellas de sus amadas que tienen la osadía de convertirse en escritoras.
Al verse musos, temerosos sienten que se han transformado en humanos de segunda categoría, en ese “Otro relativo”. Esto es, desde una óptica patriarcal, perciben que las mujeres que los aman de alguna manera los han “feminizado”. En buena hora, ¿no creen?







Hola Marjorie!
Sólo quería decir que me encanta ser muso!
Diego Mora
Don Rogelio: No deje de visitar esta página, en la que se tratarán varios de los temas que menciona en las dos versiones de su comentario (aquí y en Tribuna Democrática).
Pero me ha quedado la duda de si la nota que escribí es la misma que usted leyó. Quizás convenga que le dé una nueva lectura, más reposada, en la que tome en cuenta que además de estar perfectamente capacitadas para la filosofía y el pensamiento abstracto, las mujeres lo estamos para la ironía.
Ya pude suscribirme.
Te felicito por el esfuerzo.
El material es de mucha calidad y profundidad. El diseño esta bien bonito.
Cariños
Bueno Marjorie Ross(no se si sra o srta)leí su artículo en tribunademocratica, me gusta, pero particularmente creo que Oscar Wilde y George Bataille no se sentirían cómodos con esas letras. El mundo de la mujer ha cambiado mucho despues de Eva, y personalmente no me tomo en serío a nadie del siglo XIX para atrás en materia de género y trato hacia las mujeres, la mayoria de los escritores apenas vislumbraban lo que ahora sabemos: que la mujer es mas fuerte que el hombre, que escribe mejor que el hombre porque tiene los pies mejor colocados en relación al suelo, que no necesitan como nosotros los hombres distraerse en filosofías y otras abstracciones baratas porque siempre tiene demasiado que hacer, es mas necesitada por todos y por todo. Asi que usted como todas las mujeres tendrán “su muso”, no creo que logren escribir sin esa figura (muso musa) que todos los que amamos la literatura tenemos siempre metida en el alma.
Por otro lado la felicito por su sitio, es muy bien elaborado y además su background es asombroso. Usted merece todos mis respetos, como escritora y desde luego como mujer.
Maureen, precisamente esa realidad que usted tan bien describe, será tema de futuros comentarios aquí. Gracias por poner el tema en el tapete.
Doña Marjorie: gracias por invitarme a visitar su blog. Me gustó este artículo y me recordó otro asunto que a veces pienso en relación con las mujeres y el oficio de escribir: nosotras disponemos de menos tiempo para hacerlo. Entre ser madres (que en mi caso lo soy por elección y con disfrute), alimentar una relación de pareja, administrar una casa, trabajar y estar actualizadas para ser competitivas en el trabajo, es una verdadera hazaña que quede tiempo para escribir. Los hombres podrían decirme que sus vidas tienen tantos compromisos como las nuestras; pero aún en estos tiempos modernos yo mantengo las sospecha de que el ámbito más doméstico va sobre nuestros hombros.
Marjorie, querida amiga…siempre oportuna, siempre enriqueciéndonos, siempre precisa… Gracias por este nuevo artículo que aporta en este proceso de develar lo que a pesar de su evidencia, se invisibiliza de manera sistemática….
Un abrazo y felicitaciones por el blog
Arabella
Gracias, Laura. La ventaja de este medio es poder tener retroalimentación de gente como vos.
Ya visité tu blog y me encanta su variedad, frescura y calidad.
De inmediato lo ingresaré en mis recomendaciones, como regalo a los nuevos visitantes.
Un abrazo,
M.
¡Hola Marjorie! Me gustó mucho tu artículo, creo que esta óptica patriarcal de mantener a las escritoras como musas continúa vigente en nuestros tiempos, conflictúa menos la masculinidad hegemónica, que pese a esos tristes esfuerzos de contención, se resquebraja cada día más.
Está lindo tu blog, podés visitar el mío: http://lafuenteclandestina.blogspot.com/