Follow me on Twitter

Sobre mi libro “Imágenes para comer. Arte y cocina en Costa Rica”

_imagenescomer        Texto de Rocío Fernández en la presentación del libro

“Posiblemente este sea el libro más refrescante en el panorama editorial del 2007. No me sorprendería que algún jurado de los premios nacionales de este año invente una nueva categoría para recibir con entusiasmo este libro, editado conjuntamente por el Banco HSBC y la Fundación de los Museos del Banco Central. Imágenes para comer es una experiencia sinestésica  que los diseñadores gráficos, Errol Barrantes y José Alberto Hernández, complementan con la elección de una iconografía popular y una paleta que todo comensal latinoamericano atesora en la memoria y asocia al festín de los sentidos.

Hugo Sánchez. Homenaje al ayote. Óleo, 2005.

Hugo Sánchez. Homenaje al ayote. Óleo, 2005.

Marjorie Ross es sinónimo de talento. El ensayo, la novela, la poesía, la crónica periodística, la columna y el reportaje son algunos de los géneros que la identifican desde hace varias décadas. A sus facetas de abogada y periodista se suma la de reconocida investigadora del universo pluricultural y multiétnico de las prácticas culinarias en nuestro país.

En el prólogo del libro, la autora nos da las pistas necesarias para disfrutar el tema que la ocupa: el universo culinario costarricense y sus diversos vínculos. Se trata, nos dice, de un boceto de nuestra identidad a partir de la cocina y el arte, es decir, de un ejercicio  donde sólo se exponen los aspectos o datos principales de una extensa revisión.

Marjorie nos explica, además, que aborda el tema desde una perspectiva interdisciplinaria, porque la cocina, como suma y conjunto de prácticas y productos culturales, demanda un enfoque de pensamiento complejo.

 Este no es un texto lineal, nos advierte Marjorie, al introducir los tres capítulos que componen el libro. Y en esta frase, el lector advierte la estrategia de la mujer araña que habita en la polifacética escritora.

 En realidad, Marjorie Ross es una Aracne en tiempos globales, es decir, una experta cibernauta que interconecta, con sorprendente naturalidad y disfrute, los más diversos saberes.

 La autora vincula la cocina con la cultura y la sociedad, la realidad y la representación, las acciones y los símbolos con la misma soltura de la araña de la canción infantil, que tejía sin cesar y cuyos hilos, muy juntitos, aguantaban un moscón.

 Marjorie no tiene una sola ruta para ordenar los datos y los temas de su interés, presentarlos y justificarlos. Su hábil estrategia consiste en entrecruzar, mezclar y combinar. El lector, atrapado y seducido, viaja por un texto hecho con hilos de diferentes urdimbres y colores: la cultura y la sociedad, la educación y la economía, el arte y el poder, la antropología y la etnohistoria, las artes visuales y el universo culinario.

 El resultado es un texto maduro, sintético y fluido, producto de un conocimiento decantado que el lector disfruta sin tropiezos, erudiciones impostadas, ni marcos teóricos innecesarios.

Al relacionar con pericia y sencillez los diferentes saberes, la autora nos ofrece la oportunidad de repensar nuestro patrimonio gastronómico y reflexionar sobre nuestra identidad cultural.

En tiempos académicos de gran reflexión sobre la memoria, Marjorie hace un aporte significativo a los estudios culturales y a la divulgación del patrimonio culinario, a la vez que nos explica cómo algunas costumbres alimentarias han sido vistas por nuestros artistas. Este segundo gran aporte conceptual y estético, también producto de una reflexión sobre la plástica costarricense, complementa y redondea el libro con un áurea lúdica sin precedentes.

Miguel Casafont. Composición con wok, coco, salsa de pescado, chiles jengibre, curry y bok-choy.

Miguel Casafont. Composición con wok, coco, salsa de pescado, chiles jengibre, curry y bok-choy.

El primer capítulo, titulado “¿Es la cocina un arte culinario?”, tiene un ritmo chispeante y un tono ligeramente irreverente. La Marjorie periodista y cronista, nos habla del chef como creador plástico, del artista como cocinero, del taller como cocina (cuando el artista asalta la despensa en busca de ingredientes para sus obras), de la cocina como tema en la historia del arte y, finalmente, de la cocina como metáfora social.

De las 16 imágenes que acompañan esta crónica que funciona como un aperitivo, elijo mi propio menú: el Plato No 76 de Carlos Poveda, Los huevos de oro de Priscilla Monge y la Instalación de Manuel Zumbado. Este trío de poderosas imágenes contemporáneas, inspiradas en el arte conceptual, hacen el contrapunto visual perfecto de un texto irreverente.

Carlos Poveda. Plato No.76.

Carlos Poveda. Plato No.76.

En el capítulo II, “La mesa y el convivio. Bocado compartido versus mesa vacía”, la Marjorie antropóloga, socióloga y psicóloga, adopta un tono reflexivo, propio del ensayo, para explicar el carácter social del acto de comer, los rituales y festejos alrededor de los alimentos, la cocina como un espacio de múltiples significados, las prácticas de hospitalidad y la mesa vacía como símbolo de los cambios en la vida social contemporánea.

El grabado Naturaleza muerta de Francisco Amighetti y la fotografía Indigestión familiar de Mirta Castro, resaltan con gran efectividad las percepciones y los sentimientos que provoca Marjorie Ross en su texto. La picardía corrosiva de Emilia Prieto en su grabado Cocina rica, cocina pobre, se balancea con la línea entrañable del maestro Juan Manuel Sánchez, quien nos dibuja la tradición del bautizo en una familia rural.

En “Riqueza multicultural y pluriétnica”, tercer y último capítulo del libro, la autora fusiona análisis, glosa, crónica, descripción e interpretación, al relatar cómo ha sido nuestra mesa desde tiempos prehispánicos hasta nuestros días. El inventario es ameno no sólo porque está narrado con diversos recursos y géneros estilísticos, sino porque el intercambio de culturas culinarias a partir de las migraciones le ofrece a la autora la oportunidad de abrir el telón y presentar una mesa en permanente renovación.

Tomás Povedano. Bodegón.

Tomás Povedano. Bodegón.

 En la selección de imágenes del capítulo destacan La paila y Bodegón de Tomás Povedano, El lechero de Emilio Span, Árbol de papaya de Louis Feron, Pulpería de Néstor Zeledón, El banano emplumado de Victoria Cabezas, Cosecha de maíz de Jorge Gallardo, Hallacas de Carlos Poveda y la fotografía de la serie El artista nos revela verdades místicas de Priscilla Monge.

El entrecruzamiento de tantas fotografías, estas que señalo y muchas otras, exacerban el asombro, condición que Marjorie Ross maneja con rigor y pericia. Su libro ha sido hecho para el asombro y este lector ha quedado subyugado.

 San José, Museos del Banco Central. 12 de octubre del 2007.

 [Nota de la autora: Las imágenes que aparecen en esta página son parte de la extensa lista de obras de arte que seleccioné para esa edición].

Rituales de año nuevo

Armando Ahuatzi Valentino. Ajo, 2009.

Santa Lucía. Foto de Msc. Lilly Edgerton en el jardín de la Dra. Ana C. Rojas, en Acosta.

Si hay fechas que están llenas de tradición y supersticiones, las que cierran el ciclo del año y abren el que recién se inicia ocupan los primeros lugares. La mayoría de las acciones que se supone Leer artílo completo…

Rodrigo Quirós: Su voz poética desde el ayer

Rodrigo Quirós [1944-1997].

Rodrigo Quirós Sanabria [1944-1997].

Revisando el archivo de correspondencia, he reencontrado en un sobre anónimo, sin remitente ni destinatario, dos hojas de papel de cuaderno, en las que mi querido amigo el poeta costarricense Rodrigo Quirós [1944-1997] escribió dos poemas, como regalo a mi familia y a mí.

El primero de ellos, sin fecha, señala Leer artílo completo…